Este es el año del 90° Aniversario del Agasajo o Almuerzo de las fuerzas vivas, antigua reunión para celebrar vendimia. Y también es el año del 25° Aniversario de la fusión de la Asociación Vitivinícola Argentina y el Centro de Bodegueros de Mendoza, de cuya unión resultó la Cámara más importante de bodegueros del país, Bodegas de Argentina.
Como expliqué en la nota que antecede (Desayuno Coviar), la industria atraviesa una de sus mayores crisis y la atraviesa con peleas intestinas entre sectores que están divididos políticamente y por tal motivo sin un plan maestro por delante.
En este evento estuvieron presentes, además del anfitrión Walter Bressia, Presidente de Bodegas de Argentina (que este año deja el cargo), la Vicepresidente de la Nación, Victoria Villarroel, el Gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo, el Presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem y el intendente de Godoy Cruz Diego Costarelli.
El anfitrión de la reunión explicó el mal momento que vive la industria, en donde asume pérdidas en los tres frentes, pues el mercado interno “no termina de recuperar” (desde hace más de veinte años está en caída el consumo de litros de vino per cápita), en el mercado externo “con caídas en los últimos años” (desde 2011 Argentina cae en exportaciones vitivinícolas) y en enoturismo, actividad que sirvió de resguardo ante la baja del consumo para muchas bodegas, con muchos menos turistas y sobre todo extranjeros.
Me llamó la atención una frase de su discurso en donde dice “la industria se merece mejores condiciones para volver a exportaciones superiores”. Solo un comentario ante ello, la selección de fútbol sería merecedora de todos los campeonatos del mundo desde 1990 hasta 2018 inclusive. Pero con el merecimiento no los obtuvimos, hubo organización y esfuerzo para lograrlo en 2022, no solo reclamos y pedidos de mejoras.
En otro de los tramos afirma que “la relación calidad precio ha ganado prestigio internacional y está entre los más destacados en cada segmento”. Acuerdo que hemos ganado prestigio desde la segunda mitad de la década del ’90, en calidad y su relación con el precio también. Pero no debemos olvidar que perdimos competitividad desde hace ya muchos años (quizás desde 2013/14) que nos ha hecho perder los “entry level” en los mercados mundiales. Hoy los vinos argentinos están caros, sólo basta recorrer las góndolas en el exterior para darse cuenta (En Europa es significativa la diferencia que he visto, que hasta no hace tantos años era inversa)
Es para destacar que la inflación hizo estragos en nuestras estructuras de costos, aunque algunos comerciales se ampararon en ella para aumentar de manera exagerada también. Habría que rever desde el costo de producción hasta el precio sugerido de bodega y por qué no y de una vez por todas, los costos de comercialización externos a las bodegas.
Las declaraciones de los empresarios muchas veces están centradas en la rentabilidad, y claro que no está mal, pero este momento de Argentina supone un esfuerzo más porque creo que erramos al diagnóstico. Como en reiteradas oportunidades lo expresara en notas y columnas, deberíamos reunir a personajes de la industria y elaborar un “Plan Maestro” de cara a veinte/veinticinco años. Desde la cantidad de hectáreas de viñedos que tendría que haber en Argentina hasta que vinos requiere el mundo de nuestro país y el consumidor local. Pasando por ese arco de temas, todo. Y ese grupo/comisión ad honorem, con plazo fijo para determinar la estrategia. No creo que sea tan difícil, nombres se me ocurren para cubrir esas sillas.
En un aparte con la Vicegobernadora Hebe Casado, a quien pude realizarle algunas pocas preguntas y una de sus respuestas fue llamativa. Mi consulta se centró acerca de si, por la baja del consumo interno, estaría de acuerdo en erradicar viñedos con uvas que no son enológicamente finas y luego de ello otorgar créditos “blandos” para implantar otro tipo de cultivos más rentables hoy en día. Su contestación fue tajante: no. Desde el gobierno provincial siguen trabajando para potenciar los mercados externos, porque esa es la llave. Impulsar Asia, EEUU y Brasil. No hay que erradicar viñedos.
Ya no hubo más tiempo para contarle que hace quince años a esta parte la estrategia no funcionó.
Es cierto que no es ágil el sistema de reintegros por exportaciones en Argentina, otro de los reclamos, que complica y mucho pagar y luego esperar largo tiempo; como así también por la infraestructura vial que retrae el turismo enológico y sobre todo el de mayor poder adquisitivo.
Los temas del acceso al crédito (aunque con inflación era muy complicado porque sus tasas eran impagables) y los acuerdos comerciales son repetidos en el tiempo, muchos años que se plantean, que quizás ahora, con este gobierno sea algo más sencillo. Al menos escuchan (con lo que uno se contenta luego de conocer anteriores gobiernos nacionales).
Y hay un pedido especial que en tiempos de zozobra suena lógico, aunque no se la recepción nacional que obtuvo. Bodegas de Argentina solicita un régimen especial de diferimiento para el pago de contribuciones patronales con un esquema posterior de regularización. Importante, no es un pedido de dádiva.
Creo que estamos errando el diagnóstico y no tenemos claro cuál es el camino. Son muchos los temas para corregir y planificar.
En un momento de crisis como el que vivimos, con grandes bodegas involucradas en problemas económico-financieros y pequeñas ahogadas también por el vino sin vender, deberíamos mirar hacia adentro para evaluar, desde los costos hasta la cantidad de litros que se elaborarán, desde los precios sugeridos hasta quién y cómo se comercializan los vinos, desde los viñedos de terceros hasta la cantidad de etiquetas que salen al mercado, estudios serios (serios) para determinar los vinos que reclama el mundo y salir nuevamente como lo hiciéramos a finales de los ’90. Y para el mercado interno, no dejarnos llevar por la moda o por algún que otro “influencer” o que actúan como tal pero tienen otra profesión, para sublimar vinos orange, de variedad criolla (que poco tiene de tal), pet nat o desalcoholizados. Aunque me llamen como a un animal prehistórico, pienso que mucho de ello sería retroceder en el tiempo respecto de la calidad y estropeamos nuestra imagen país, como nos hicimos conocidos en el mundo.
Sólo ejemplos, pero que sirven para ordenar puertas adentro y trazar un camino. En tiempos de dificultades siempre hay un resquicio para las oportunidades.