HERVÉ FABRE, PASIÓN por el MALBEC. CREADOR de VINOS LONGEVOS

Recorrer zonas vitivinícolas significa, entre otras cosas, visitar bodegas. Experiencias que enriquecen aunque algunas de ellas se repiten mucho menos de lo que uno quisiera.
Una, supo permitirme refrendar lo que pensaba acerca de la calidad de sus vinos. Y a su vez entender un poco más acerca de la longevidad de los vinos de Argentina.

Luego de 14 años de mi primera visita a  Bodega Fabre Montmayou, allí en Luján de Cuyo, donde se iniciara la historia para el Malbec en Argentina, y más precisamente en la localidad de Vistalba, visité nuevamente la bodega de la mano de Herve J. Fabre, en su “propia casa” y con su esposa Diane.

Vinos que tienen ganado su prestigio en el mercado interno y externo, y que desde los primeros años de la década del ’90 irrumpieron en momentos en que el cambio de paradigma en la calidad del vino era todavía incipiente, y del que este bodeguero bordelés fue partícipe necesario.

Ni bien traspaso la tranquera para ingresar a la propiedad, la belleza y la prolijidad son propios.

Es volver sobre mis pasos en la memoria para descubrir la misma foto que en mi primera visita, todo está incólume.  Y se subraya el marco de grandilocuencia por las 15 ha de antiguos viñedos que datan de 1908 y rodean la bodega con rosales colocados en las puntas de los postes, que no sólo embellecen el lugar sino que predicen las enfermedades de las vides. Muy francés.

Luego de conversar como gran conocedor que es, acerca de la actualidad de los vinos argentinos en el mundo, pasamos a la bodega propiamente dicha, donde quien nos esperaba, Juan Bruzzone, su enólogo, nos dirigiría a la mesa de degustación.

La sorpresa del día fue al entrar, pues estaba preparada una degustaciones vertical del vino ícono de la bodega, Fabre Montmayou Grand Vin, donde nos esperaban cosechas de las más variadas, desde la 1995 histórica y galardonada con CIVART para finalizar en la 2011.
No es sencillo encontrar en Argentina un «museo» de esta envergadura, con degustaciones verticales de vinos con la antigüedad y cantidad de cosechas suficientes para ver en el tiempo, como logró demostrar Hervé. Calidad inalterable al más alto nivel.

Fabre Montmayou Grand Vin 1995 +++
Hay que tener en cuenta con este vino, que recién eran los inicios de la reconversión de la industria vitivinícola. Y que su propietario hacía muy poco tiempo que se instalaba en Mendoza .
Esta etiqueta y cosecha podría ser el resumen de las grandes creaciones de Argentina.
Impactante desde todo punto de vista. Por su vívido color rojo y brillante, con verdadero bouquet en nariz. De los más complejos vinos argentinos que he probado, porque es tan difícil distinguir algo en particular, donde las notas de cueros, balsámicos y evolución (en ese orden de importancia) son las únicas distinguibles de un todo, fragante y muy fino. Y ya en la boca aparece un vino que no sólo está vivo sino que su acidez colma la boca con taninos muy finos y elegantes y por vivir por más años (¡y ya lleva 26!). Rápidamente aparecen ¡frutos negros maduros!, algo impensado por su antigüedad, sumado a las notas de nariz que repiten. Elegancia por sobre todo y muy complejo, con amalgama totalmente fundida de crianza-fruta. Posee sedosidad en su paso por la boca, con volumen medio-alto y muy larga persistencia.
Es muy difícil no adjetivar. Im pre sio nan te.

Fabre Montmayou Grand Vin 1997 
Visibles notas de evolución aunque aún vivo. Complejo en nariz con notas de evolución. Sus taninos terrosos se alargan en la boca. De volumen medio y largo final.

Fabre Montmayou Grand Vin 2000
Notas de evolución en color y nariz. Con mayor estructura que el vino anterior, destaca cómo está su volumen actualmente. Retronasal complejo y fino. Taninos aún vivos y el vino augura que se podrá disfrutar por algunos años más. El ciclo climático fue más caliente que el anterior, con temperaturas medias más altas y pocas precipitaciones.

Fabre Montmayou Grand Vin 2004 ++
Evolución en color y reducción en nariz. En la boca impacta la viveza del tanino, con muy buena estructura. También fue un año caliente. Aunque se nota su evolución (color y olfato), en la boca está muy vivo, adhiere pensar en mayor vida por delante. De elegante y larga persistencia.

Fabre Montmayou Grand Vin 2006+
Con muy poca evolución en su color, en nariz aparecen tostados y fruta casi en mermelada. Acidez excelentemente equilibrada con taninos amplios y vivos. Repite notas de nariz, por retronasal aparece sensación a especias. Volumen y persistencia medio-altos. Muy fino y elegante.

Fabre Montmayou Grand Vin 2008
Su color no expresa evolución, parece un vino de tres años y no de trece. En nariz aparecen notas a café y frutos maduros. En la boca sus taninos están levemente terrosos, vivos. Su acidez equilibrada y amalgama crianza-fruta. Podría estar en su mejor momento de consumo en una cosecha que fuera algo complicada por granizo.

Fabre Montmayou Grand Vin 2010 +
Conmueve que el color no tenga rastros de evolución. Almendras, ciruelas maduras y especiado son sus notas principales de olfacción. Aunque tiene once años de vida, su acidez está impecable, con fruta que inunda la boca. Taninos muy finos, sedosos y por crecer con más años en botella. Vino que se expresa a lo largo y a lo ancho de la boca. Volumen casi alto con muy larga persistencia. Impactante,

Fabre Montmayou Grand Vin 2011++
Su color violeta no habla de la edad del vino. En nariz, cerrado, necesita oxigenar por segundos para expresarse, luego balsámico. En la boca es un vino joven, con taninos resplandecientes que deberán terminar de redondear su astringencia en la botella (casi imposible creerlo en un vino de más de diez años) Fino, ampuloso, con frutas y especias que llenan la boca. Volumen alto con muy larga persistencia.
Cuanto tiempo tiene aún por crecer y disfrutar.

El equipo que dirige técnicamente la bodega está comandado por Gastón Tello, Ingeniero Agrónomo encargado de los viñedos en Valle de Uco, Clodomiro Graffigna, Ingeniero Agrónomo que cuida los ubicados en Luján de Cuyo y Juan Bruzzone, enólogo principal de la bodega. Todo el team elegido y supervisado por su Winemaker, Hervé J. Fabre.

Quedar sorprendido ante este tipo de degustaciones no es una costumbre. Sí en este caso, en el que la magnitud, elegancia y vida que poseen hacen que esta etiqueta se erija entre los pocos grandes vinos de la Argentina, sin modas mediante.
No debe desaprovechar la oportunidad de probar un Fabre Montamayou Grand Vin y si compró más de una botella se debería obligar a guardarlo, para vivir la experiencia de un gran vino de guarda.

A medida que avanzamos en el tiempo, desde la reconversión vitivinícola de los ’90 en Argentina hasta la actualidad, podemos resignificar o revalorar los vinos de determinadas bodegas. En este caso se puede revalorar su calidad.
Es importante contar que cuando uno prueba vinos antiguos como lo son al menos los seis primeros queda expuesto a todos los avatares climáticos y hasta del humor de quien lo elaborara. Aquí, en esta bodega, parece que se «alinearan todos los planetas».